Me encanta el estilo de Cringely. Es un visionario tecnológico, capaz de adelantarse a los movimientos de la industria de la informática. A veces resulta un poco pomposo, pero la forma con la que ata los cabos es capaz de emocionar a uno y hacerle preguntarse cómo no se me habrá ocurrido a mi y cómo es posible que no lo hagan realidad si es una apuesta segura.
En la columna de este mes, habla de uno de los pocos santos griales (quizás el último) que quedan por explotar en este sector: la telepresencia. Se podría decir que es el siguiente paso después de la poco exitosa teleconferencia, pero cuidando los detalles para dar una sensación mucho más satisfactoria gracias a las últimas tecnologías (ancho de banda, compresión, posicionamiento de la cámara y tratamiento de la imagen). Sin duda, es cuestión de publicitarla un poco para que la demanda aumente de forma brutal en la empresa y, sobre todo, en el hogar (como lo han hecho las cámaras digitales, los GPS o los MP3). Y Apple parece muy bien posicionada para llevarse el gato al agua en cualquier momento, de hecho ya lleva varios éxitos encadenados y Jobs no suele fallar.

