Son el mismo grupo que montó un cine clandestino con bar y restaurante en las catacumbas. Con un estilo más propio de una novela de Umberto Eco, se cuelan en los monumentos del submundo parisino para organizar actos culturales o reparaciones con el objetivo de restaurar la herencia cultural parisina.
Consiguieron montar un taller entero en el edificio, con mesas, sillas y hasta un ordenador. Tras la reparación abrieron un debate sobre si notificar o no a las autoridades su acción, y decidieron hacerlo finalmente. Al principio el administrador del edificio no les creyó, pero cuando le mostraron su obra, el pobre hombre tuvo que sentarse.
