Interesante el análisis de Ignacio Ramonet en Le Monde diplomatique (las negritas son mías):
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Todo comenzó en 2001 con el estallido de la burbuja de Internet. [...] Mediante una política de tipos de interés muy bajos y de abaratamiento de los gastos financieros, exhorta a [...] una clientela cada vez más amplia a invertir en “el ladrillo”. Se pone así en marcha el sistema de los subprime , créditos hipotecarios de alto riesgo [...] Pero cuando, en 2005, la FED aumenta los intereses del dinero, deteriora la máquina y acarrea un desastroso efecto dominó que, a partir de agosto de 2007, va a hacer tambalearse al sistema bancario internacional.
La amenaza de insolvencia de cerca de tres millones de hogares [...] provoca la quiebra de importantes establecimientos de crédito estadounidenses. Para protejerse contra ese riesgo, éstos habían vendido una parte de sus hipotecas dudosas a otros bancos [...] del mundo entero. Ejemplar demostración de la locura actual de los mercados financieros.
Resultado: como una fulgurante epidemia, la crisis se ha extendido al conjunto del sistema bancario. Algunos de los principales establecimientos financieros [...] han acabado por reconocer pérdidas colosales y prevén depreciaciones suplementarias. Para limitar la brutal caída y hasta la bancarrota, varios de ellos han tenido que aceptar capitales provenientes de [...] potencias del Sur (China, Corea del Sur, Singapur, Taiwan) y petromonarquías.
[...]
La crisis se propagará, con seguridad, de la economía financiera a la economía real. Y una conjunción de factores complementarios -bajón acelerado de los precios inmobiliarios en Estados Unidos así como en el Reino Unido, en Irlanda y en España, restricción de liquidez de capitales, regreso de la inflación, reducción de créditos- auguran efectivamente un neto retroceso del crecimiento mundial. [...] todos los ingredientes de una crisis duradera. [...]
Esta crisis marca el fin de un modelo: el de sesenta años de supremacía del dólar y de una economía basada en el consumo estadounidense. Su salida se halla en la capacidad de las economías asiáticas de relevar al motor norteamericano. En este sentido, la crisis constituye también una nueva manifestación del declive de la supremacía de Occidente. Y presagia quizá el desplazamiento próximo del centro de la economía-mundo de Estados Unidos a China.
