Mientras el precio de la leche sube en el supermercado, los productores reciben seis céntimos menos.
La desfachatez de los intermediarios, auténticos parásitos de la productividad, no deja de crecer totalmente descontrolada. No aportan nada y cada vez abusan más y más de ambos extremos sin que nada les contenga. Por un lado hay quien esgrime que debe ser así por el libre mercado (capitalismo puro), pero esos mismos luego ponen el grito en el cielo porque la inflación se dispara. El Gobierno debe actuar con multas contundentes. No hacer nada debe dejar de ser un negocio tan lucrativo… ¡YA!
