Cringely lleva dos columnas hablando del sistema educativo norteamericano, del cambio generacional y del futuro tecnológico, pero me ha gustado mucho una anécdota que cuenta al final de su última columna:
Un doctor de mi pueblo en Ohio se ha construido una mansión con un enorme hall de entrada y con una escalera curvada que flota entre el primer y el segundo piso, del tipo “lo que el viento se llevó”. La casa se construyó con el mayor nivel de calidad, por los mejores artesanos, pero ninguno ha sido capaz, ni dentro ni fuera del pueblo, de construir la balaustrada o barandilla para la gran escalera. Debía ser laminada a partir de una sola pieza de caoba que de alguna forma cuadraba con la forma de la escalera, una curva que había sido trazada más por arte que por ciencia. Nadie podía construirla.
Así que llamaron al carpintero Amish. Vino con su hijo y pasaron un par de horas midiendo con regla y con un medidor y se fueron para volver a las dos semanas con una balaustrada completa en la parte trasera de su coche de caballos. Cuadró a la perfección como si hubiese sido creada con un sistema CAD, perfecta en todas sus formas. ¿Cómo lo hicieron?
Con las medidas que tomaron y de vuelta a su granja, pasaron dos días construyendo en el granero una ruda réplica de la escalera entera y entonces laminaron la barandilla en su sitio. Por supuesto encajó a la perfección y sin la ayuda de nada parecido a un algoritmo.
