Nuestros datos determinan si nos conceden un crédito o no lo hacen, si nos hacen un descuento, si entramos en un avión o nos quedamos fuera, si nos dejan atravesar una frontera. Si somos sospechosos de algo, resulta mucho más probable que investiguen nuestros datos a que pidan una orden para entrar en nuestra casa - y para curiosear muchos de nuestros datos, ni siquiera necesitan un permiso. Un delincuente que acceda a nuestros datos puede vender nuestras propiedades, operar en nuestro nombre, solicitar tarjetas de crédito… el robo de identidad es la prueba definitiva de que controlar nuestros datos significa controlar nuestra vida.
Nuestros datos son parte de nosotros. Son íntimos, personales, y tenemos derechos sobre ellos. Necesitamos imperiosamente leyes que protejan de manera amplia la privacidad de los datos. Que protejan toda nuestra información, no sólo la financiera o la relacionada con la salud. Debe limitar las posibilidades que otros tienen de comerciar con nuestra información, de comprarla o venderla sin nuestro conocimiento o consentimiento.
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