Hay que pedir disculpas por si hemos ofendido a alguien. Como dice Corbacho: “Es mejor pedir disculpas, que pedir permiso”. También nos hemos reído con las lecturas malintencionadas de los que no han querido ver la broma y sólo han hurgado en sus escándalos inventados. [...]
Trabajamos para esto. Para liarla. Para subvertir lo establecido, para romper y rasgar la seriedad de un mundo previsible y gris que, un tío con dudoso acento argentino, ha agitado durante unas semanas inolvidables. [...]
Como bien me decía un buen amigo: “la gente vive una vida muy monótona. Tanto, que cuando aparece un friki con ganas de hacer el ridículo, consigue el mayor de los éxitos”. ¡Qué país! Hasta nunca, Rodolfo.

