Las recientes cosechas desastrosas, las condiciones de sequía y, sobre todo, el alza de los precios de los alimentos han metido de nuevo a Etiopía en una crisis alimentaria como la hambruna de 1984-85 que mató a más de un millón de seres humanos. La gente está tan desesperada que se están comiendo las semillas de la próxima cosecha. 4.5 millones de etíopes necesitan comida en este momento.
Noticias como esta son familiares, pero distantes. Palabras como hambruna y crisis describen la situación a grandes trazos, pero es difícil personalizarla, ponerle caras a estas cosas. El fotógrafo de Reuters Radu Sigheti nos lleva a una breve, dolorosa e íntima visita a la familia de Mohamed, que acaba de experimentar la pérdida de su hija Michu, debido a la malnutrición, a principios de mes.
Como occidental, me resulta muy difícil de entender y, sobre todo, tremendamente repugnante, saber que para que cuatro especuladores se forren, deban morir personas. Me resisto totalmente a creer que tiene que ser así. La distancia, la despersonalización, hace que apenas nos afecte. Pero están muriendo de verdad aunque nos gustaría negarlo. Existe el dinero ganado de forma muy sucia, pero este… este mejor ni calificarlo. Pero quizás la despersonalización no esté en ignorar lo que pasa en África, sino en no utilizar las palabras apropiadas para definir a los especuladores: Asesinos.

