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Más que roto

He leido el post de Enrique Dans sobre lo que le pasó ayer a Michael Arrington de TechCrunch y luego el mismo post que Arrington ha publicado al respecto: Some things need to change.

Ayer, cuando abandonaba la conferencia DLD en Munich, una persona que no había conseguida captar su atención (estaba cansado), le escupió en la cara y huyó.

Dans hace referencia al gran problema de los trolls y todas aquellas personas que, lejos de entender Internet, esperan que alguien conocido (que destaca por su fama en la blogosfera) les preste atención y reaccionan mal (o incluso violentamente) cuando no lo consiguen. Hace unas semanas, el mismo Dans anunciaba que se veía obligado a moderar los comentarios ante la dimensión que estaba alcanzando el problema y parece que hizo bien: la calidad de la conversación (artículos-comentarios) ha aumentado notablemente y los maleducados no insisten al ver como no consiguen su cuota de atención al ver publicado su comentario ofensivo.

Pero lo que cuenta Arrington resulta aún más dramático: hace unos meses recibió una amenaza de muerte hacia él y su familia, por lo que se vio obligado a contratar seguridad privada (2000$ diarios) y a poner en peligro a sus propios padres… Sabían quien fue el autor de la amenaza pero la policía no podía hacer nada mientras su autor no hiciese “algo más”… Se comprende, por tanto, que Arrington haya cambiado tanto desde el extremo de fiarse de todos mientras no le demuestren que no son de fiar a justo el contrario. Como bien dice “Espero que algunos de mis iguales se den cuenta de que las presiones competitivas no les dan carta blanca para acusarnos a nosotros y a otros de, literalmente, cualquier cosa que les pase por la cabeza y la repitan pública o privadamente”.

Supongo que ahora debería hacerse una profunda reflexión sobre dónde vamos como sociedad. Estamos enfrentando una crisis mundial enorme que está agitando peligrosamente los cimientos del capitalismo. Pero hay otra crisis igualmente grave que agita los pilares de nuestra convivencia como sociedad. Hasta para alguien que se considera moderadamente liberal como yo, resulta vertiginosa la decadencia a la que estamos llegando con un desprecio absoluto por cualquier regla establecida y, lo que resulta mucho peor, una falta de educación que demuestra que la empatía empieza a ser un valor en extinción. Los medios de comunicación tienen una responsabilidad enorme que están obviando y que constituye, probablemente, la principal fuente de esta crisis. Malos tiempos esperan a la gente de bien…

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