Juan Carlos Escudier en elConfidencial.com lo borda:
… convencidos, en definitiva, de que vivíamos en la octava potencia del mundo, los españoles no alcanzan a comprender que la prosperidad prometida sea un decorado de cartón piedra que el lobo de la crisis puede desarbolar de un solo soplido.
Este país no entiende por qué el paro crece aquí siete veces más rápido que en el resto de Europa, donde la crisis también golpea, ni acepta que su Gobierno, sobre cuya existencia hay dudas razonables, trate a los ciudadanos como a niños a los que no se les dice la verdad porque no la entenderían.
Lo que ha determinado este modelo productivo tan nuestro centrado la construcción sin freno y en la especulación urbanística -ese que Zapatero se proponía cambiar en 2004 antes de que una amnesia lo borrara de su lista de promesas- no ha sido la fertilidad del suelo peninsular para el arraigo del ladrillo ni las hermosas vistas que se contemplaban desde los áticos de tres dormitorios de las nuevas urbanizaciones. Aquí se ha construido sin limite porque los poderes públicos lo han consentido, porque cada piso, cada carretera, cada puente ha enriquecido a concejales de urbanismo y a los intermediarios de los partidos, que daban uno y se llevaban cuatro.





