En una sesión del Congreso, en 1934, el político español José Maria Gil Robles, pronunciaba un discurso cuando, desde lo más alto del hemiciclo, alguien gritó: “!Su Señoría es de los que todavía llevan calzoncillos de seda!”.
Acalladas las carcajadas, Gil Robles le espetó, sin perder la compostura: “No sabía que la esposa de su señoría fuera tan indiscreta”.
Historias “extra-ordinarias”
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