hay quién sigue sin acordarse de que la economía se basa en dos principios fundamentales; ley de la oferta y la demanda, y por otro en las expectativas de los que intervienen en el tinglado. Pues bien en un entorno de expectativas bajistas en el precio de la vivienda, tan solo queda una solución; bajada de precios a la capacidad adquisitiva real de la demanda. Y mientras no haya correcciones severas en los precios seguirá sin haber mercado. Y para acabar, una reflexión; ¿que vale un piso sin demanda, sin compradores ciertos ni hoy, ni en el día de mañana?. Son muchos los que no se dan cuenta que una vivienda sin comprador no vale nada, que es un lastre a cargar durante toda una vida.
Més en Joldi’s Blog: No hay, ni habrá, recuperación inmobiliaria.
Embebido de Online Games
Juez Francisco Serrano «Quieren callarme como en la Inquisición»
Vamos a ser coherentes. ¿Defiendes medidas que dan más libertad o justo lo contrario?
Que una persona pueda abortar le da más opciones, mas libertad. A mi, personalmente, no me gusta la nueva ley, pero entiendo que hay muchos puntos de vista, muchos de ellos no tienen nada que ver con la religión. Más opciones es bueno.
Que se permitan las corridas de toros en implica dar opciones, libertad. Si a uno no le gustan, siempre puede elegir no asistir. Personalmente odio la tauromaquia, pero defiendo que se tengan cuantas más opciones mejor.
La pregunta es, ¿cómo es que cada partido mayoritario está a favor de uno sólo de los puntos cuando lo coherente sería que estuviesen a favor o en contra de ambos? No hay nada más peligroso para un partido político que un ciudadano pensando.
Me voy a salir un poco de los posts tradicionales de este blog, pero es mi cajón desastre y creo que el movimiento de Palm (esa empresa que muchos creímos difunta) puede cambiar muchas cosas. Acaba de lanzar el
Proyecto Ares

Ares es un entorno de desarrollo de aplicaciones que funciona directamente en el navegador. La gracia está en que las aplicaciones del nuevo sistema operativo (webOS) de Palm incluido en sus nuevos móviles están creadas siguiendo el mismo sistema que las páginas web: XHTML CSS Javascript, una tecnología que muchos programadores ya conocemos.
Primero apareció el iPhone y cubrió un enorme nicho de mercado que muchos no habían querido ver (como los netbooks). Apple inventó el mercado de aplicaciones, pero está recibiendo muchas críticas por lo arbitrario e injusto de su sistema de publicación.
Luego vino Android y copió lo mejor del iPhone y aportó muchas cosas nuevas convirtiéndose en el dispositivo móvil más apetecible. Además al ser abierto muchos fabricantes están creando terminales con él, algunos de ellos muy económicos (ya no invierten dinero en el sistema operativo).
Pero las jugadas maestras (no sólo una) las está haciendo ahora Palm. A punto estuvo de la extinción y ahora renace con una apuesta ganadora en otro de esos nichos de mercado: usar la tecnología web para crear aplicaciones móviles. Ojalá den una lección a todos.
Por supuesto, Windows Mobile y el Symbian de Nokia están totalmente condenados a la extinción total. El primero por la velocidad nula de reacción ante los nuevos jugadores, y el segundo por lo engorroso que resulta crear aplicaciones para el programador.
Ante el inminente fracaso de la cumbre de Copenhague, creo que es el momento idóneo para recordar palabras sabias de un viejo jefe indio:
Cuando el último árbol sea talado, y el último pez pescado, y el último río envenenado, nos daremos cuenta de que el dinero no se come
Enseñen a sus hijos lo que nosotros hemos enseñado a los nuestros: Que la Tierra es nuestra madre; cuando escupen al suelo le escupen a su madre.
Recuerden que la Tierra es un ser vivo, todo lo que el hombre le haga a la Tierra esta se lo devolverá.
Existe una ley muy conocida sobre los mercados que dice que los precios bajan cuando hay competencia. Pero en España, y en las comunicaciones, esa ley nunca se ha cumplido. A Telefónica y a Movistar le han salido muchos competidores, pero apenas han conseguido arrancarle un pedazo de pastel pese a ser muchas veces mejores, más económicos y más fiables. ¿Por qué?
Porque en este país no nos fiamos del prójimo, lo que dice mucho de nosotros mismos. Nos sorprendemos cuando nos enteramos que en otros países aún dejan las puertas abiertas sin temor a ser robados. Por ello, pensamos aquello de “más vale malo conocido…”
Y por ello aparecen las excusas que hace mucho dejaron de ser ciertas :
- es que esa operadora no tiene tanta cobertura (como si no hubiesen pasado ya más de diez años desde que eso dejó de ser un problema generalizado)
- es que nadie te da la velocidad que te da Telefónica (lo que podría ser cierto hasta que las operadoras entendieron que sólo con calidad podrían hacerle frente al operador dominante. Yo he comprobado que el soporte técnico de Jazztel es extremadamente eficiente, llamando varias veces al técnico de Telefónica mientras reparaba una avería para asegurarse que no se marchaba sin resolverla)
- es que mis amigos tienen Movistar y me salen más baratas las llamadas (sigo sin comprender cómo aún hay gente que mira el reloj o la operadora del contacto cuando llaman y creen aquello de que “como somos más pagamos menos”, habiendo alternativas en el mercado que pagan 6 céntimos/minuto en todos los casos)
Y claro, todo ello lo aprovecha inteligentemente Telefónica/Movistar para bajar sólo los precios cuando no tiene más remedio o cuando la obligan. Una simple cuestión de mentalidad extremadamente difícil de cambiar y que nos hace ser cómo somos, aunque salgamos perjudicados.
Si aún estás con dicho operador, te sugiero que estudies (simplemente eso) posibles alternativas, y si finalmente te decides, cuando descubras que el cambio valía la pena, intentes que hagan lo mismo aquellos conocidos que sigan “pagando más porque sí”.
Sólo consiguiendo que haya una auténtica competencia conseguiremos bajar los precios y beneficiarnos todos.
Cuántas veces hemos llegado a la conclusión en los últimos tiempos de que los políticos, tal y como los conocemos, sobran. Ignoran justo a quienes deben defender: quienes les votan. Si instaurasen la cadena perpetua para delitos de corrupción política, iba a ser más difícil encontrar a un candidato a político que uno a sacerdote…





